martes, 22 de octubre de 2013

Tengo un hijo que no es competitivo.

Hoy he publicado una reflexión en "mi otro blog", que tengo desde hace tiempo en un portal de madres. Ya se que aquí no suelo poner cosas de estas, pero me apetece compartir con vosotros (y como el texto es mío y puedo hacer con él lo que quiera), así que os copio tal cual.

Aunque mi reflexión última no va de eso, pero os lo cuento para poneros en antecedentes. Mi hijo no es competitivo. Es más, desde casa no es algo que potenciemos. Intento transmitirle otros valores, como que las cosas se hacen por divertirse o por satisfacción personal, y que esa satisfacción no la da necesariamente ser mejor que un contrario, sino superarse a uno mismo. Intento transmitir que no es imprescindible ser el mejor en todo, todo el tiempo, ni inmediatamente. Que la excelencia se consigue con constancia y trabajo, y práctica y esfuerzo y que no a todo el mundo se le dan bien las mismas cosas. Pero que no pasa nada. Unos son buenos nadando, o saltando, y a otros (entre los que se encuentra mi hijo, el no competitivo), se les pueden dar muy bien otras cosas. O no tan bien, pero se esfuerzan por hacerlas. O simplemente, se divierten mientras las hacen. Y se sienten felices cuando las hacen y las consiguen.

Esto, que para mi resulta lógico, no es lo que veo en mi entorno. Y es lo que me está haciendo reflexionar en las últimas semanas. Para mi es lo más normal del mundo decirle a mi hijo que tiene que hacer las cosas bien en función de sí mismo, por puro disfrute personal, y no de cara a sobresalir frente a los demás. Os pongo un ejemplo. Ya sabéis que tengo un blog de manualidades. Pues bien, el blog no lo hice por mostrar mis habilidades al mundo y que todos me den palmaditas en la espalda y me digan que bien hago tal o cual cosa (además tengo muy pocos lectores con lo cual esa situación no suele darse). Lo hice por mí misma. Porque las manualidades es algo que me gusta, y tener un blog también y me apetecía unir las dos cosas y cada vez que publico una entrada me gusta ver como quedan las cosas que he hecho en foto, y contar una historia a la vez. Y eso es lo que le intento transmitir a mi hijo: que lo que haga, sea una carrera de fondo o un examen de mates, lo intente hacer bien por sí mismo, por lo bien que se siente cuando termina y ha quedado bien.

A lo que iba, que no es algo que vea generalizado en mi entorno, sino más bien al contrario: Se fomenta la competitividad a toda costa. Os pongo más ejemplos. En el sitio donde pasamos el agosto, todos los años se organizan juegos y concursos para los niños. Lo típico: carreras de sacos, de bicis, etc. Mi hijo participa en todo. Y se lo pasa genial. Está con otros niños, ríe, juega, se divierte… y llega el último en todas las carreras. Y no le importa, porque no es competitivo. Lo que le importa es que tiene la oportunidad de participar en algo. Pues bien, veo niños que si no ganan lloran, se enfadan… niños que tienen que ganar en todo a toda costa, que son capaces de empujar a otro por sentarse el primero en el juego de las sillas, que acaparan trofeos año tras año sin dar oportunidad a otros niños a sentirse ganadores de algo. Y las madres/padres/abuel@s veo que se lo alaban y se lo potencian.

Y me preocupa porque:
No me gusta el tipo de sociedad a que eso nos lleva.
No me gusta que mi hijo se sienta desplazado por correr más lento.
No es eso lo que le estoy transmitiendo, ni lo que quiero transmitir.

Otro ejemplo. Ayer mi hijo suspendió un examen. De mates. Su primer suspenso. Disgusto tremendo (por su parte y por la mía). Salió de clase llorando compungido. A lo que iba de la satisfacción personal: ayer no la tuvo. Cosa que espero que le sirva para darse cuenta de que es mejor (más satisfactorio) aprobar que suspender. Independientemente de las notas de los compañeros. Pues bien, al salir de clase unos metros por delante de mi hijo salió un compañero suyo. En cuanto me vio me gritó “¡Dani ha sacado un 4!”. Un niñito de 8 años. No le dije nada, porque no era el momento ni el lugar, pero me demostró algunas cosas:

Más competitividad: “Dani, que siempre saca más de 8, ha sacado un 4…” Con lo cual ese niño está educándose en que regodearse de la desgracia ajena es mejor que la alegría propia. En que la excelencia pasa por aplastar al contrario.
Mala educación: algo así tiene derecho a decírmelo mi hijo en privado, no un compañero suyo a gritos en medio de la calle.
Si ese es el comportamiento de los niños, reflejo de lo que ven en casa, no me extraña nada el tipo de sociedad que tenemos, egoísta, inculta y a la deriva.

Lo que me lleva a la reflexión final, por la cual os he metido todo este rollo: ¿Cómo estamos educando a nuestros hijos? ¿Es tan buena la competitividad como la pintan? ¿Y qué tipo de sociedad vamos a construir de esta manera? Y lo más grave… ¿Estoy criando un inadaptado, o lo que no te mata te hace más fuerte? Porque tengo un hijo que no es competitivo.


P. D. Más sobre la satisfacción personal. A mi hijo, el que no ganó ningún juego ni ninguna carrera en agosto, ese que no es competitivo, le dieron un trofeo por haber participado en todo y ser el espíritu de la participación y la diversión. 

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